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LA DIETA MEDITERRÁNEA: DE ALGECIRAS A ESTAMBUL

Gracias a Ancel Keys, más conocido como “Mr. Cholesterol”, hoy conocemos los efectos nocivos1 de las grasas animales en nuestro organismo. Este fisiólogo norteamericano fue el responsable de la primera investigación sobre el tema dieta-colesterol-enfermedad coronaria2 conocida como Estudio de los siete países, donde demostró que la incidencia de enfermedades coronarias en el área del Mediterráneo era significativamente menor que en otros países del norte de Europa. Además de ser dos veces portada3 del Time Magazine y de llegar a la edad de 101 años, fue el creador del término “dieta mediterránea”.

Veamos los orígenes y el funcionamiento de un modo de vida milenario4 que, como muchas cosas en el sur de Europa, no se aprecian lo suficiente hasta que algún extranjero demuestra sus virtudes5.

JUGANDO CON LA MAREA6

“Mediterráneo” viene del latín mediterraneus, y quiere decir ‘mar entre tierras’. Pero a pesar de que es un mar casi cerrado, ha sido el generador de un pueblo mestizo7 por el que viajan, desde hace siglos, personas, productos y técnicas de elaboración.

El tomate, el pimiento y la patata originarios de América, el arroz de Asia o las naranjas de Extremo Oriente son algunos de los productos típicos utilizados en la cocina mediterránea. Todos ellos son la muestra8 más visible y actual del carácter multicultural de la región. Por otro lado, la presencia de griegos, romanos y árabes se deja ver en muchas ciudades en las costumbres, el lenguaje o la arquitectura.

Este crisol de culturas es la cuna9 de la dieta mediterránea, un conjunto de hábitos alimenticios que hoy hacen furor10 en Europa y todavía no conoce enemigos. La dieta mediterránea tiene como símbolo el aceite de oliva, incluye el vino, los cereales, las legumbres, los lácteos, todas las frutas, verduras y hortalizas11 que uno pueda imaginar, mucho pescado y, eso sí, carne en pequeñas cantidades. Ideal, ¿no? Además, para reforzar nuestra fe en ella, contamos con el apoyo de12 la UNESCO: al ser incluida en la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, se hizo hincapié13 en que además es “un elemento cultural que propicia14 la interacción social”. Y es que la palabra “dieta” viene del griego diaita, que quiere decir ‘estilo de vida equilibrada’.

Si todavía queda algún escéptico, ecologista o amante del movimiento slow food, tenemos aún varios argumentos más para defenderla: esta dieta promueve15 el consumo de productos frescos, locales y de temporada.

TÉCNICAS MILENARIAS

El clima mediterráneo no solo hace que muchas zonas se parezcan entre sí. Los campos de olivos, naranjos y vides16, o los campos de trigo de color dorado son un paisaje habitual en los países mediterráneos. Pero, además, dependiendo de las zonas, también podemos encontrar campos muy verdes con tierras realmente fértiles donde se cultivan infinidad de verduras, como la famosa huerta17 murciana en el sureste de España.

Pero no solo existen paisajes comunes en el sur de Europa, sino que hay además una serie de técnicas que han perdurado18 a lo largo de los siglos y que se han extendido por todas estas poblaciones. Por eso, es normal encontrar tomates secos tanto en Italia como en España, olivas en los mercados turcos, griegos o españoles y la presencia del orégano es habitual en muchos platos italianos o griegos.

Una técnica habitual en la costa mediterránea para conservar el pescado es la salazón. Consiste en secar y conservar los alimentos con sal. En España, los habitantes de Murcia y Alicante, por ejemplo, son grandes aficionados a tomar en el aperitivo19 unos trocitos de hueva (huevos de pescado) o de mojama (lomo20 de atún) conservados con esta técnica. Los inventores fueron los fenicios21, un pueblo que comerciaba22 por todo el Mediterráneo en la Edad Antigua. Este pueblo marinero y negociante23 tenía colonias repartidas por toda la costa del mar Mediterráneo y, en sus continuos viajes, ayudó a la propagación de la cultura entre los distintos pueblos. El pueblo fenicio es el creador del alfabeto fonético y el que llevó la escritura a los griegos.

ME GUSTA EL JUEGO Y EL VINO

“Los hombres se invitan no para comer y beber, sino para comer y beber juntos”, es una frase que escribió Plutarco y que nos traslada directamente a una manera de entender la vida que ha deslumbrado24 a más de un forastero25. Comer y beber con los amigos es una forma de ocio habitual en todos los pueblos del Mediterráneo; uno no se sienta a comer a la mesa únicamente para comer, sino que las horas de las comidas sirven para relacionarse con la familia, los amigos, los compañeros de trabajo…

La vid es otro de los símbolos de la dieta mediterránea, pero no tanto por su fruto, la uva, sino por el vino. Un vaso de vino tinto al día durante la comida es cardiosaludable26. Las características más sobresalientes27 de esta dieta son su bajo contenido en ácidos grasos saturados y alto contenido en ácidos grasos monoinsaturados, carbohidratos complejos y fibra. Además es muy rica en sustancias antioxidantes.

Estas son las virtudes que se le atribuyen28 a este tipo de alimentación en la que el trigo, la vid y el olivo son verdaderos símbolos. Si no, solo hay que preguntar en los bares españoles por uno de los desayunos preferidos de sus clientes. Muy fácil: tostadas con tomate rallado29 y aceite de oliva en Andalucía y pa amb tomaquet en Cataluña, donde el tomate se unta30, pero no se ralla (allí, rallar el tomate es casi un sacrilegio).

A pesar de su gran historia y su prestigio, los expertos aseguran que los hábitos de la dieta mediterránea se siguen cada vez menos en sus países de origen y que España es el primero en el abandono de esta práctica diaria. Uno de los medidores31 que ha dado lugar a esta afirmación es el alto índice de obesidad infantil. Paralelamente la ciencia avanza, y cada día crecen los interesados en que la dieta mediterránea continúe su camino. A finales de la primera década del siglo XXI, un estudio publicado por la revista British Medical Journal aseguraba32 que este tipo de alimentación nos protegía de muchas enfermedades crónicas, incluyendo el alzheimer, el parkinson y hasta el cáncer. Y después de todo esto,  ¿todavía creen que es casualidad que estas tierras dieran origen a la famosa frase mens sana in corpore sano?

* Más información en: www.fdmed.org


Reportaje publicado en el número 37 de la revista Punto y Coma

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