Entrevista al poeta Ernesto Cardenal

El candidato al Nobel de Literatura (2005) tiene una vida de costumbres austeras que comienzan a las tres o cuatro de la madrugada, cuando se despierta, y continúan en su oficina del Centro de Escritores, protegido del calor de Managua, donde medita, lee o escribe. Todo eso, dice Cardenal, se pierde con los años, “la fugacidad del tiempo, el paso del tiempo”, esa dictadura severa y primera, que todo lo acaba, menos su devoción. “Si volviera a ser joven me entregaría de nuevo a Dios, pero antes, y no bastante tarde, cuando lo hice”