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bebe3

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La primera vez que vi a Bebe fue hace más de diez años en un pequeño teatro de Madrid. Cuando acabó uno de los sketchs que protagonizaba, sacó su guitarra, entonó1 con voz muy suave una canción y llenó el escenario2 con su presencia. La melodía era pegadiza,3 hablaba de violencia doméstica y Bebe aún era una desconocida para el gran público. Esa canción, Malo, fue incluida dentro de su primer disco P’afuera telarañas4 (para afuera telarañas) y se convirtió en la carta de presentación de un trabajo que le llevó a ser reconocida como una de las artistas más importantes de España.

Bebe ganó el Grammy Latino a la mejor nueva artista en 2005 y fue la cantante con más nominaciones, entre ellas la de mejor álbum y mejor canción. Años más tarde pudimos verla en el cine a las órdenes de Julio Medem en Caótica Ana y junto al actor argentino Ricardo Darín en La educación de las hadas, del director español José Luis Cuerda. También compuso e interpretó el tema principal de una de las series españolas de más audiencia en televisión: Aída. Esta valenciana que pasó su infancia en Badajoz y decidió un buen día ir a la capital a probar suerte5 se encontró allí cara a cara con el éxito. Desde entonces se ha convertido en su mejor amigo.

Bebe llegó a Madrid con 18 años para estudiar arte dramático. Al principio muchos de sus colegas6 iban a escucharla a pequeños locales como La Redacción, Libertad 8, o El Búho Real, conocidos en la noche madrileña como lugares donde podía escucharse a los nuevos y jóvenes cantautores. Allí, sentada frente al público, Bebe tocaba sus primeros temas, canciones personales donde fusionaba sonidos brasileños, flamencos o reggae, entre otros. Recuerdo que una amiga me comentó un día que había ido a La Redacción y había descubierto a una chica que cantaba diferente. Había entrado a un concierto por casualidad y, desde entonces, siempre que podía iba a escucharla. Pronto ese boca a boca comenzaría a funcionar. Así, Bebe se iría abriendo camino7 hasta llegar a los oídos de Carlos Jean, el conocido productor, que convirtió su puñado8 de canciones en el que hasta ahora es su único disco más famoso hasta el momento, P’afuera telarañas.

Definir de una forma concreta el estilo de Bebe no es fácil, ni siquiera para ella misma. En varias entrevistas ha reconocido que no es buena poniéndose etiquetas.9 Admite las influencias de artistas como la Mala Rodríguez, Amparanoia e incluso Albert Plá. Pero, si hay algo claro, es que, haga lo que haga, al final es siempre a su manera. Sabe jugar, darle la vuelta a esas influencias y añadirle a las canciones su toque personal. A Bebe no le importa nada, si al final consigue convencer a todo el mundo o no con su arte. Las letras de sus temas hablan de amor, de desamor, cuentan historias ajenas10 o propias, concienciadas con la realidad social o simples expresiones de sentimientos. Son, al fin y al cabo, historias que a la gente le gusta escuchar de su boca, siempre expresiva, como la actriz y cuentacuentos que es y que le han llevado a dar ese salto del que aún no ha aterrizado y que la llevó a componer un disco tan personal como Y. (Y punto).

Hoy sigue halando de su experiencia en la vida en cada nuevo trabajo, muestra una actitud rebelde frente a los medios de comunicación y es madre.


Texto publicado en la revista de ELE Punto y Coma