desde nivel B2  /  cultura  /  reportaje  /  Vanesa Alonso

SfilesCourt212x145

Inauguración de LA BIENAL de El Museo del Barrio: The (S) Files (The Selected Files) / Carlos Ortiz

 

acento cubano

  • Glossary
  • Glossaire
  • Glossar
  • Glossário

Un museo en el corazón del Spanish Harlem: el Museo del Barrio

La historia comenzó en 1969 en el barrio de Harlem, cuando activistas locales, padres y educadores de todo el Caribe, especialmente de Puerto Rico, demandaban un espacio en el que sus hijos pudiesen recibir una educación que respondiese a su diversidad y a su herencia1 cultural.

Esta energía se materializó2 en el Museo del Barrio de Nueva York. Su autor fue el artista y educador Rafael Montáñez Ortiz. El nacimiento de este espacio fue de la mano de los movimientos a favor de los derechos civiles3 que marcaron Estados Unidos a mediados y finales de los años sesenta. Para Chus Martínez, jefe del Museo del Barrio, “fue un ejercicio extremo de performance. La obra se abrió a la colectividad y al mismo tiempo tuvieron cabida4 otras muchas obras, lo que lo hace muy peculiar”.

Desde sus inicios, en una clase de un colegio público, hasta hoy, en el edificio Heckscher de la Quinta Avenida, el museo ha evolucionado “abriéndose a la necesidad de crear un diálogo interno entre los miembros de esa comunidad y un diálogo de esa comunidad con otras comunidades culturales y artísticas, tanto en Nueva York como en el resto de Estados Unidos”, apunta Chus. En la actualidad cuenta con una colección permanente de casi 8.000 obras que incluye desde piezas precolombinas5 hasta fotografías, esculturas e instalaciones creadas en el siglo XXI. Más de 800 años de arte latino, caribeño y latinoamericano. La colección contiene una historia vinculada a movimientos no solo estéticos y artísticos, sino también sociales y políticos.

Voces y visiones IV

Colección permanente Voces y Visiones IV: Presencia / Ausencia. “Retrato de El C.”
(2007), Shaun El C. Leonardo / Morten Schmidt

 

Entre sus visitantes se encuentran familias, estudiantes y ese público más general que recorre la Milla de los Museos. Según Chus Martínez, se trata de un “grupo variado y muy fiel”.6 Y dentro de este público las nuevas generaciones son un reto.7 El objetivo es atraer8 a la gente joven “independientemente del programa, creando una relación interpersonal con la institución. Tienen que estar cómodos –afirma Chus–. Hay que encontrar los códigos adecuados y trabajar con ellos para que la gente tenga una sensación de que el museo tiene relevancia”.

Programas educativos, literatura, teatro, música, poesía, performances… La meta9 es llegar cada vez a más gente. En este sentido,10 una de las grandes ambiciones de su directora artística es que el público “pueda conocer a los artistas. Lo hemos hecho mucho últimamente y es muy interesante: estar delante de la obra y hablar con el artista. Como es un museo más pequeño, más flexible, es más fácil acordar11 estos pequeños encuentros”.

ARTE LATINO, ARTE LATINOAMERICANO

“El arte latino tiene una gran fascinación por lo propio, no por los lenguajes abstractos. Tiene interés por la tradición, el folclor, el lenguaje de lo popular. Vincula arte y sociedad. Tiene una sensibilidad especial con los derechos civiles y la creación del sentimiento de ciudadanía.12 No es un arte metido en sí mismo, tiene la voluntad de aludir13 a lo social y traducirlo a un lenguaje individual, propio, subjetivo del artista. Pero por individual que sea, siempre vuelve a la comunidad”. Así se refiere Chus Martínez al arte latino, aquel que está producido por artistas con herencia latinoamericana, pero que residen en los Estados Unidos. Se trata de una comunidad artística que está entre dos lenguas, entre dos realidades, con un sentido de la modernidad distinto del de otras comunidades. Precisamente para muchos de ellos, lo antiguo es lo moderno. “Estamos en un momento histórico en el que la comunidad latina en Estados Unidos cobra fuerza14 –asegura Chus–; tiene un sentido de sí misma”.

Junto a este arte latino en Estados Unidos, presente desde finales de los años setenta, el museo comenzó a abrir sus puertas a aquellos artistas que residen en América Latina, este es el arte latinoamericano. El estado de salud de ambos es perfecto; el potencial es enorme. Cada vez se conoce más aunque queda trabajo por hacer en el panorama internacional, donde “lo tienen difícil, por tratarse de circuitos más cerrados”. El Museo del Barrio se presenta además como un trampolín15 para nuevos artistas y también para artistas veteranos, con idea de fomentar16 el diálogo entre generaciones y de promover encuentros entre aquellos que dan sus primeros pasos y aquellos que ya llevan un trecho17 caminando.


 

* Reportaje publicado en el número 48 de la revista de ELE Punto y Coma     

EDICIÓN IMPRESA