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Flavia Company (Buenos Aires, 1963) es escritora, periodista, traductora y profesora. Es autora de libros de cuentos (Con la soga al cuello, Viajes subterráneos, Género de punto) y microrrelatos (Trastornos literarios). Ha escrito novelas como Dame placer (finalista del premio Rómulo Gallegos), Ni tú ni yo ni nadie (Premio Documenta), La isla de la última verdad y Que nadie te salve la vida. Su obra ha sido traducida a varios idiomas.

 

Además de ser escritora, eres profesora en el Máster de Creación Narrativa de la Universidad Pompeu Fabra. ¿Se puede aprender a escribir? ¿El escritor nace o se hace? La vieja pregunta.
La vieja pregunta… Bueno, son dos preguntas, en realidad, en una. Porque sí se puede enseñar a escribir y se puede aprender a escribir. Lo que no se puede enseñar ni se puede aprender es a ser escritor. Entonces, yo diría que a la primera parte te contesto que sí y a la segunda parte contesto que no. Y por lo tanto, de algún modo, sí es cierto que hay que nacer, digamos con esa vocación, y entonces, se convierte en un estilo de vida en el que se renuncia1 a muchas otras cosas y se elige.
 

O sea, primero hay que ser escritor, y después…
Dedicarse a escribir.

 

Has escrito varias novelas y también libros de cuentos. ¿Qué género te atrae más?
No, la verdad es que no tengo una preferencia. Yo soy una contadora de historias, y cada historia encuentra su género dependiendo de la necesidad de la propia historia. Así que yo escribo libros, y en esos libros, a veces…, se articula2 mediante los relatos y otras veces es una historia que constituye una novela.
 

O sea piensas en la historia y después en el género que pide esa historia.
Sí, sí.

 

Tus libros han sido traducidos3 a varios idiomas. ¿Qué representa para un escritor esa fama internacional?
Bueno, el hecho de que te publiquen en otros idiomas crea dos sensaciones, ¿no? Por un lado no sabes exactamente, si no conoces la lengua de destino, qué van a leer quienes te leen en otro lugar, y por otra parte, por supuesto, es un honor que lectores de otros lugares del mundo puedan acceder a tus obras gracias a la traducción; y básicamente descubres que, de algún modo, las historias que cuentas tienen un cierto carácter universal, porque traspasan4 fronteras.
 

Tu nuevo libro, Por mis muertos, tiene mucho de autobiográfico. ¿Dónde termina la ficción y dónde empieza la autobiografía en tu obra?
Me gusta la apreciación que haces porque así puedo contestar que la pretensión de este libro ha sido fingir5 al máximo lo autobiográfico y convertirlo en una sensación de verdad; y está funcionando porque realmente todo el mundo piensa que yo he contado mi vida.

 

Sí, sí, sí.
Y bueno, yo creo que este es uno de los objetivos del libro Por mis muertos, en el sentido de que juega justamente con esa ilusión. Y todo eso está pensado para que exista el equilibrio6 suficiente, de modo que no se vaya hacia un lado ni se vaya hacia el otro; es decir, que exista siempre en el lector la duda7.

 

Pío Baroja dijo en una ocasión que todo lo que no es autobiografía es plagio8. ¿Qué hay de verdad en esta afirmación?
Bueno, es una forma muy interesante de decir que todos contamos lo que nosotros vemos. No podemos contar lo que ven los demás. Yo, respecto de este libro, he insistido en la idea de que autobiografía es la mentira que le contamos a más cantidad de gente y que más cantidad de gente se cree. Es como la cara y la cruz de9 la misma idea. A fin de cuentas, lógicamente, el mundo solo se ve desde los ojos propios.

 

Hay en tu libro muchos episodios de la infancia. ¿Qué tiene la infancia que nos atrae tanto?
Bueno, la infancia como la vejez son ejemplares, porque desnudan10 al ser humano de…, yo les diría incluso taras11 de las que padecemos12 a lo largo de la vida a causa de nuestros intereses, de nuestros miedos, de nuestras vinculaciones13 y ataduras14. En la infancia somos frescos, aún no nos hemos adulterado15, y en la vejez nos hemos deshecho de los disfraces16 que hemos necesitado durante la vida para relacionarnos con los demás. Me parecen dos etapas muy interesantes desde ese punto de vista, porque a mí me interesa la esencia de lo que somos y creo que en la niñez y en la vejez se es más que en medio, que los seres humanos solemos tener muy en cuenta lo que tenemos y no lo que somos.
 

Algunos de tus cuentos tienen como tema las relaciones de pareja, el dolor de la ruptura17, pero presentas la separación también como algo que tiene su parte positiva. ¿Es así?
Sí. Yo opino que, efectivamente, todas las personas para avanzar necesitan soltar algunas de las ataduras de las que van siendo presas18 y, lógicamente, las relaciones que no resultan positivas, o mejor todavía las relaciones que resultan tóxicas o que resultan ya ancladas en el hábito19 más que en el ser, me parece que, obviamente, hay que saber desprenderse de20 ellas y avanzar. Porque hay muchas relaciones en esta vida, y me refiero tanto al ámbito familiar, como al ámbito laboral, como al ámbito amoroso, que más que enriquecernos21 nos absorben y nos roban energía y capacidad de aprender y capacidad de avanzar. Entonces, pues por supuesto creo que todo aquello que hay que abandonar, bueno pues, el mejor momento es cuanto antes.
 

Claro, claro. Y esa soledad que sigue a la ruptura también es un poco abrirte de nuevo al mundo.
Abrirse de nuevo al mundo, claro. Y por otra parte enfrentarse a uno mismo22. Yo creo que uno de los grandes problemas de esta sociedad es que en general las personas no sabemos estar solas con nosotras mismas.

 

En todo tu libro hay una unión entre realidad y fantasía. En el cuento que hemos escogido, El destornillador23 de Texas, ¿dónde está la frontera entre la realidad y la fantasía?
El destornillador de Texas es donde la imaginación tiene tal poder que asusta al personaje, puesto que teme lo que le va a ocurrir a causa del destornillador que aparece como protagonista en la historia, en donde se apunta que la realidad no es solamente lo que vemos, sino lo que pensamos, lo que creemos, lo que vislumbramos24.


 

* Entrevista publicada en el número 48 de la revista Punto y Coma

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