desde nivel C / cine / reportaje / Rueda Duque @weezermij / Foto: Todd Williamson

acento mexicano

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MÉXICO CINEMA: CHILES ROJOS PICANTES

Del Atlántico al Pacífico, desierto, selva, montes escarpados1, templos de piedra y ciudades de cemento dibujan un país imposible. México no se puede explicar, como el mito o la superstición, en México se cree o no se cree. Nosotros le empezamos a tener fe hace algo más de una década inspirados por tres contadores de historias locales: Iñárritu, Cuarón y Del Toro. Tres amigos que intentan bombear2 sangre, sudor y magia al corazón marchito3 del cine “made in Hollywood”.

Exterior del Kodak Theatre de Los Ángeles, tarde templada4 de un mes de febrero de 2007. La alfombra roja se extiende5 para dejar paso a6 estrellas y profesionales. Por primera vez en su historia, México entero está ante el televisor para seguir la gala de unos premios. Esta noche habrá diez artistas mexicanos peleando por un Oscar: fotografía, guion7 original, dirección, mejor película extranjera… Y la culpa la tienen tres películas fabulosas, capaces de conmover8 al público y convencer a la crítica, El laberinto del Fauno de Guillermo del Toro, Children of Men de Alfonso Cuarón y Babel de Alejandro González Iñárritu. Son la culminación de una historia de amor con el cine y de amistad entre tres cineastas que empezó mucho tiempo atrás, a miles de kilómetros de Los Ángeles.

EMPEZAR POR EL PRINCIPIO
Alfonso Cuarón nació en Ciudad de México en 1961. Hijo de un importante físico nuclear, vivió una infancia feliz y acomodada9 en una de las mejores zonas de la capital. Nunca le faltaron el cariño, la atención o los caprichos10. Al cumplir los 12 años, le regalan su primera cámara de video. Al mismo tiempo, pero al otro lado de la ciudad, un chaval11 un par de años menor que Alfonso se esconde entre unos coches. Huye de las bandas del barrio12. Su padre había sido un importante banquero, pero una mala inversión13 le llevó a la ruina, así que él y su familia tuvieron que mudarse14 a una de las zonas más pobres del D.F.15 Ese niño se llama Alejandro González Iñárritu. ¿Y Guillermo del Toro? El más pequeño del trío, solo un año menor que Iñárritu, apura16 sus días en Guadalajara, en el seno de una familia religiosa y ultra conservadora. Guillermo sufre en sus carnes17 el brutal fanatismo católico de una abuela obsesiva que no solo intenta exorcizarle en varias ocasiones, sino que somete18 al pequeño a todo tipo de martirios19 físicos para “purgar” sus pecados20. Esa infancia traumática y dolorosa da lugar a21 un adolescente oscuro, inquieto22 y con una extraña fijación23 por los monstruos.
Una excursión ocasional a los estudios de cine de la capital permite a Guillermo del Toro conocer a Dick Smith, responsable de los efectos especiales de The Exorcist. Ahí empieza una complicidad que acabará por24 destapar25 su verdadera vocación, el cine fantástico.
Mientras Del Toro empieza su carrera como especialista26, Cuarón estudia psicología por las mañanas y va a la escuela de cine por las tardes. Su primer proyecto allí es un provocador corto27 rodado en inglés (Vengance is mine) por el que es expulsado28 del centro. Roto y rendido29, Alfonso Cuarón acepta el primer trabajo que le ofrecen en un museo local. La casualidad30 (o el destino) provoca un encuentro tan arbitrario como providencial31 en ese mismo escenario. Uno de los visitantes del museo resulta ser un productor de televisión que le ofrece una segunda oportunidad tras las cámaras. En 1987 Alfonso Cuarón se hace un nombre escribiendo y dirigiendo capítulos para una serie que llegaría a muchos de los mejores cineastas del país, La hora marcada. No es un apunte32 casual. En esa misma serie acaba trabajando un amigo que ya no dejaría de serlo: Guillermo del Toro.
Y así tenemos juntos a dos de los tres “cuates33”, pero necesitamos saber cómo llegó Iñárritu al grupo. Al mismo tiempo que ellos empiezan en la televisión, Alejandro disfruta de una enorme popularidad como locutor34 de radio. Desde allí no le fue difícil saltar en 1990 a Televisa, y empezar a escribir y dirigir spots publicitarios. Muchos de aquellos anuncios pueden verse incrustados35 en su primera película, Amores perros: un retrato36 brutal, intenso y magnético del D.F. callejero37, que dibujó junto al escritor Guillermo Arriaga en 1999.

PASOS DE GIGANTE
Tres años antes, Iñárritu había conocido al profesor Arriaga en la Universidad Iberoamericana. Es allí donde deciden escribir y producir 11 cortos para explicar la naturaleza contradictoria de una ciudad caótica y desgarrada38. De esas 11 historias, saldrían las tres que acabaron formando el argumento39 de Amores perros.
Saltamos de nuevo en el espacio. En aquella época, mediados de los noventa, Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón daban ya sus primeros pasos en Hollywood. Del Toro había conseguido con una precocidad asombrosa la etiqueta40 de “director de culto” gracias a la siniestra Cronos (1993), y andaba peleándose con la industria norteamericana para sacar adelante41 Mimic (1997). Esta aventura de encargo42 fue finalmente la peor y más frustrante experiencia de su vida profesional coincidiendo, además, con un capítulo particularmente duro de su vida personal. Mientras rodaba43 en EE.UU., tuvo que negociar la liberación de su padre en un secuestro44 que duró tres semanas. Del Toro jura45, sin embargo, que fue mucho más difícil y doloroso enfrentarse a los meses de discusiones, ajustes de presupuesto46 y reescrituras que acompañaron al rodaje47 de la película.
La llegada a Hollywood de su colega Cuarón fue más placentera48. Dirigió una pequeña película de estudio en 1995, The Little Princess, que a pesar de una taquilla49 discreta consiguió el aplauso de la crítica. Eso llevó a los grandes estudios a apostar50 por él en 1998 con la adaptación de la novela de Dickens Great Expectations. Contar con un gran reparto51 (Ethan Hawke y Gwyneth Paltrow) no compensó52 la frustración que le produjo seguir un guion inacabado, sujeto a53 infinitos cambios, borradores54 y versiones nunca definitivas.

VOLVER A LOS ORÍGENES
Así que, mientras Iñárritu y Arriaga empiezan a rodar por fin el guion que les había llevado tres años escribir, Cuarón y Del Toro regresan a casa muy afectados por la sensación de derrota55 y desencanto56. El primero decide escribir y rodar junto a su hermano Carlos Y tu mamá también, una road movie mexicana. Los protagonistas son Diego Luna y Gael García Bernal, estrella emergente57 gracias precisamente a aquellos Amores perros de Iñárritu. Guillermo del Toro, por su lado, lleva al cine El espinazo del diablo, una historia fantástica rodada en castellano y ambientada58 en la Guerra Civil española. Lo que son las cosas59, los tres acaban alcanzando el éxito y reivindicándose60 a través de historias personalísimas escritas en su lengua materna. El mensaje es para Hollywood: México se escribe con “X”, pero se pronuncia con “J”.
Aclarado el mensaje, recogido el prestigio y acordado el respeto, los tres vuelven a Estados Unidos. Guillermo del Toro comienza la saga Hellboy mientras Cuarón acepta rodar una de Harry Potter (Del Toro dijo “no” antes que él).  Iñárritu y Arriaga se juntan de nuevo para escribir 21 Gramos, esta vez en inglés. Y así, casi sin respiro61, llegamos a ese 2007 milagroso62, el mismo con el que empezaba el reportaje. El año de El laberinto del fauno (dirige Del Toro, produce Cuarón), de Hijos de los hombres (dirige Cuarón, asiste Del Toro) y Babel (escribe Arriaga, dirige Iñárritu y colaboran en montaje Cuarón y Del Toro).
Pura endogamia mexicana que se concreta poco después en la creación de su propia productora: Cha cha chá Films. Así lanzan63 Rudo y cursi, la primera película de Carlos Cuarón como director (con Gael y Luna de protagonistas). Esta película es un capricho consentido64 y con sentido antes de volver cada uno a lo suyo: Del Toro a Frankenstein (para 2012), Cuarón a Gravity (2011) e Iñárritu a Biutiful (finales de 2010). Aunque resulte un guion confuso, esta maraña65 de títulos, nombres, fechas y acentos acaba teniendo un sentido, un principio y un final. Y no depende de nosotros comprenderlo, tampoco se trata de eso. Es cine y es talento y es mexicano, hay que tenerle fe. Se crea o no se crea.