desde nivel B / lenguaje / Carmen Aguirre

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acento castellano

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El español, como el resto de las lenguas, está formado por un conjunto1 de variantes. Su dispersión geográfica y los distintos niveles2 socioculturales de los hablantes hacen que no se hable exactamente de la misma manera. Pero esto no es un problema para nadie. Los hispanohablantes nos entendemos perfectamente porque hablamos la misma lengua.

¿Cuántas variedades integran3 el idioma español? Es una pregunta difícil de contestar, porque establecer las fronteras entre las variantes o los dialectos no es tan fácil como establecer las fronteras entre las lenguas.

El primer gran problema es el cruce4 que se da entre la zona geográfica de los hablantes y su nivel social y cultural. Cuanto más bajo es el nivel cultural de los hablantes, más grandes son las diferencias que se dan entre su forma de hablar y la forma de hablar de los hablantes de otras regiones, incluso dentro de un mismo país. Cuanto más elevado es el nivel cultural, más similar es la manera de hablar,  a pesar de la dispersión geográfica.

En todas las lenguas hay una lucha5 constante para evitar6 la fragmentación, para mantener una lengua común que haga que todos nos sigamos entendiendo, que sigamos, en definitiva, hablando el mismo idioma. Por eso se establecen normas de uso que se enseñan en las escuelas, y las grandes obras de la literatura funcionan como modelo a seguir. Esta unidad de la lengua se hace muy evidente en la escritura. Todos escribimos igual a pesar de las diferencias que pueda haber en la pronunciación.

Dentro de esta “norma culta7”, que unifica8 las distintas variedades, hay también diferencias que nos permiten distinguir más o menos el lugar de origen de la persona que está hablando, es lo que conocemos como “acentos”.

¿HAY UN ESPAÑOL DE ESPAÑA? ¿Y UN ESPAÑOL DE AMÉRICA LATINA?

La respuesta es no en los dos casos. En España hay unas cuantas variedades. Y, naturalmente, en América, donde hay muchísimos más hablantes, un gran número de países y una extensión infinitamente mayor, encontramos muchas más variantes. Pero en líneas generales, en las principales características, los dialectos de Andalucía (en el sur de España) y de las islas Canarias se asemejan9 a los de Hispanoamérica y se diferencian de la forma de hablar de Castilla y del norte de España.

La característica más evidente es la que se da en torno a10 la diferenciación o no en la pronunciación de palabras como caza y casa. Los hablantes del norte y centro de España pronuncian estas dos palabras de manera distinta, pero en el resto de los lugares se pronuncia de la misma manera, con sonido de . Es decir, en toda Hispanoamérica y también en Andalucía y en las islas Canarias pronuncian de la misma manera za, ce, ci, zo, zu y sa, se, si, so, su. Este fenómeno se conoce como seseoN.

Por tanto, solo una minoría de hispanohablantes pronuncia reflejando en la pronunciación esta diferencia que se da en la escritura.

Otro fenómeno generalizado, aunque menos evidente, es el yeísmo,  que consiste en pronunciar de la misma manera la consonante ll de lluvia y la consonante y d yo. En este caso es también una minoría de hablantes la que conserva esta diferencia. En España se marca la diferencia solo en el norte de Castilla. En Madrid, por ejemplo, se pronuncia de la misma manera. La mayor parte de Hispanoamérica es también yeísta, aunque hay algunas zonas en las que se establece esta diferencia, como Paraguay, Bolivia, zonas interiores de Colombia y Venezuela y las zonas andinas11 de Ecuador y Perú.

La pronunciación de la en posición final de sílaba caracteriza también a los hablantes de Andalucía y Canarias y a los hablantes de Hispanoamérica, que aspiran12 esta consonante e, incluso, la eliden13. Ahora bien, este rasgo14 no es socialmente aceptado en todos los lugares por igual15. En el Caribe, Centroamérica, las zonas costeras de Venezuela, Colombia, Ecuador, Uruguay y Argentina se produce esta aspiración en todas las capas sociales; sin embargo, en México y en el interior de Colombia y Venezuela no está socialmente aceptado como norma culta.

Otra característica muy generalizada tiene que ver con la utilización del pronombre ustedes en lugar de vosotros. Ustedes deja de ser una fórmula de cortesía para usarse en todos los casos con la correspondiente forma verbal de tercera persona.

Vosotros cantáis muy bien. =  Ustedes cantan muy bien.

Esta sustitución se da en toda Hispanoamérica y también en Canarias y gran parte de Andalucía.

VARIANTES DIALECTALES EN AMÉRICA

En Hispanoamérica se pueden establecer grandes áreas geográficas que comparten una pronunciación y unos rasgos lingüísticos similares: el área andina (sur de Colombia, parte de Ecuador y Perú, parte de Bolivia, norte de Chile y noroeste de Argentina), el área caribeña (las Antillas, Centroamérica, Venezuela y Colombia), el español del Río de la Plata (Argentina, Uruguay y Paraguay) y el español de México.

Estas grandes áreas comparten unas pautas16 de entonación17 y pronunciación similares y un vocabulario diferenciado en algunas palabras relacionadas, sobre todo, con la comida y las prendas de vestir.

En Colombia y Perú pronuncian de una manera más “neutra” y quizá, por eso, presumen de tener el mejor español de América.

En Argentina y Uruguay tienen la pronunciación más peculiar, la que más los singulariza18 y los diferencia del resto. Lo más característico de esta variante es la pronunciación sonora de las consonantes ll e y, y la utilización del llamado voseo.

Este fenómeno consiste en el empleo del pronombre personal vos, usado en el español de los siglos XVI y XVII, para la persona tú. Este fenómeno se da también en otros lugares de América, pero en la zona del Río de la Plata va acompañado de un cambio en la forma verbal: en lugar de vos cantáis, se dice vos cantás (tú cantas).

En el español del Caribe, por ejemplo, es muy típica la neutralización de la r y la l en posición final de sílaba: la r se pronuncia como una l en palabras como izquierda, que pasa a pronunciarse como izquielda.

En general, en toda Hispanoamérica, pero sobre todo en México y en el español de los Andes, se usa con mucha frecuencia el diminutivo. Especialmente en México y Perú, donde se llegan a poner los adverbios en diminutivo, como en ahorita e, incluso, ahoritita.

En la actualidad, es la Asociación de Academias de la Lengua Española la que observa todas estas diferencias y son los 23 países hispanohablantes que la componen los que dictan19 las normas del español culto. Y la Real Academia Española es una de ellas.

La música del español cambia de unas zonas a otras y esa es una de las principales características de esta lengua. A todos los hispanohablantes nos gusta jugar con los acentos y a todos nos satisface adivinar20 el origen de un hispanohablante antes de preguntárselo. Viajar nos abrirá los ojos y, cuanto más viajemos, más conscientes seremos de que lo que une a los 500 millones de hispanohablantes es mucho más grande de lo que los separa.