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Jorge Volpi
 

acento mexicano

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Jorge Volpi acaba de publicar1 su último ensayo2: Mentiras contagiosas3. Su libro empieza con una premonición: La novela4 desaparece, es asesinada5 por los propios escritores a partir del siglo XXII.

¿Qué hay de verdad en esta premonición?
Bueno, pues es justamente6 una especie7 de profecía irónica. Se ha hablado tantas veces sobre el fin de la novela, que quería escribir un texto como si la novela ya hubiese desaparecido y tratar de explicar8 las razones. En realidad, yo no veo que la novela vaya a desaparecer. El problema no está ahí, el problema es que el núcleo de lectores de novela, llamémosla artística, profunda, esa novela que verdaderamente investiga3 en el ser humano y en el lenguaje, se mantiene10 muy constante y casi no crece, mientras que lo que crece es el infinito número de lectores de la novela más banal, de esto que, a veces, se llama best seller o novela entretenimiento11 y que yo llamo novela virus en este ensayo. Virus porque simplemente se reproduce sin que deje ningún efecto, como si fuera un organismo.

Usted mismo, en su libro, se hace una pregunta que yo le hago a mi vez: ¿Qué impulsa12 a una raza inteligente a dotarse13 de falsedades cotidianas14? ¿Qué es la ficción?
Esa es la gran pregunta, y que yo quería responder un poco en este libro. Escritores a los que incluso yo admiro, piensan que lo mejor de una novela o del arte es que no sirve15 para nada, y yo estoy en radical desacuerdo16 con esta idea. O sea, la novela…, ¡claro que sirve para algo!, ha sido un instrumento evolutivo17 construido18 por la especie humana, una gran herramienta19 de conocimiento del lenguaje y del propio ser humano que, justamente, permite atisbar20 la idea de que no estamos solos, sino de que podemos, al menos durante un momento, compartir21 la experiencia cotidiana de los otros. Es para eso para lo que sirven realmente las novelas; y ésa es la función social. No es otra función de compromiso22 como se pensaba con la novela comprometida23.

¿Tiene algo de parecido con el juego, con el teatro, con el jugar a ser otro?
Empieza como un juego, como una mentira normal que se convierte24 luego en una mentira literaria, gracias a estar bien contada, a revestirse25 de una forma artística; y a que el otro, finalmente, sabe que se está mintiendo pero acepta ser atrapado26 en ese universo de mentiras porque ese universo de mentiras es capaz de construir verdades alternas28, verdades que dicen cosas importantes sobre el ser humano.

En su libro, un libro que habla básicamente de la literatura, usted dedica un capítulo3 a la física ¿Por qué?
Bueno, es un libro que tiene dos ensayos sobre ciencia: uno que relaciona la literatura con la biología, con la evolución, y otro con la física, particularmente en este caso, con la Teoría de Cuerdas29. Y estos ensayos, pues son un poco la reflexión teórica sobre cómo relacionar estas materias30 con la literatura, que es absolutamente posible.

Una parte importante de su ensayo está dedicada a reflexionar sobre El Quijote y sus personajes31. Usted afirma que mientras a nosotros, los humanos, nos condena a muerte32 la realidad, a ellos los salva la fantasía. Pero, ¿pueden vivir los personajes al margen de33 los lectores?
¡Bueno, por supuesto que no! Es muy bonito decirlo y es metafórico decirlo. Y yo me refiero a eso, sobre todo34, hablando sobre una escena del Don Quijote de Orson Welles, que nunca pudo terminar. Pero él quería terminar esta película con don Quijote y Sancho en una colina35 viendo como a la distancia explotaba una bomba H (bomba de hidrógeno) y se acababa el género humano36. Con la idea, justamente, de que los personajes sobreviven37, incluso, a sus creadores.

Usted afirma que la literatura no tiene fronteras38. ¿Tiene algún sentido hablar de literatura francesa, española, mexicana?
Pues no demasiado; o sea…, es decir, hay algunas condiciones ineludibles39. Existen ciertas40 tradiciones frente a las que41 un escritor intenta responder. Pero lo que no hay que decir es como esta simplificación, que es otra mentira contagiosa perniciosa42, de “la literatura mexicana es así” o “la literatura española es así”, como si hubiera un “deber ser” que condicionase43, por identidad, cómo escribe uno. Porque la experiencia humana va mucho más allá del pertenecer44 a una nación.

En América Latina, la época de esplendor45 de su literatura es la segunda mitad del siglo XX con la aparición de los escritores que integran46 el boom: García Márquez, Carlos Fuentes, Vargas Llosa. ¿Ha perdido su atractivo47 la literatura latinoamericana en este siglo XXI?
Pues no, yo creo que en absoluto ha perdido su atractivo. Lo que pasa es que en ese momento surgieron48 muchísimos grandes escritores. Bueno, ahora no sabemos, porque, también, no solamente importa la propia calidad de la obra, sino también la recepción que esa obra tiene. Tenemos que esperar para ver si en estos momentos ya hay algún escritor que tenga la misma relevancia49 que los escritores del boom.

 

Entrevista publicada en el número 40 de la revista Punto y Coma

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