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la bajamar aroa moreno

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LA BAJAMAR, UNA NOVELA DE AROA MORENO

(Ruth)
En abril del año en que nos marchamos1, fue lo de Guernica. Que los aviones habían arrasadoGuernica. Que ya venían. Que eran alemanes. Que se iba a poner todo peor. Yo pensaba que ya nada podía ponerse peor.
Pero ya ves.

Siempre queda margen.
Por eso, mejor no me quejo.
Contaban que primero tiraban unas bombas para alarmar a la gente y que después esperaban. Que aguardaban3 a que alguno se precipitase4 a la calle, algún impaciente que pensara que esa calma tensa que sigue a un bombardeo era definitiva. Y entonces lo acribillaban5. Ya sabes esto porque te han contado mil veces cómo fue aquello.

Nada parecía más terrible que aquel mes de junio.

Hay que sacar a los niños ya, dijo el padre de la otra familia, va a salir el último vapor6. Están llegando.

Los aviones volaban sobre el horizonte cada vez más bajo, con sus barrigas7 negras abiertas. Aquella noche destrozaron el cinturón de defensa que las mujeres y los hijos de los milicianos habían construido alrededor de la ciudad.

Lo peor de todo es que una se acostumbra a estar en guerra. Te acostumbras a todo. Me acuerdo de que, de pronto, se abría una ventana y ta ta ta, disparaban a los aviones. Al principio, corríamos a meternos debajo de las mesas. Después, aprendimos que podíamos jugar y a la vez sentir aquel estrépito8 que estaba matando unos kilómetros más allá.
El Gobierno quería vaciar la ciudad.
El día de mi cumpleaños, mamá nos dijo: Hoy.
Me cogió a mí de la mano, porque yo no era como la tía Amelia, que era tranquila, yo tenía nervio9. Pues me cogió con una mano a mí y con otra a Matías. Los cuatro fuimos corriendo hasta la estación. A Matías le dio un ataque de tos y mamá tuvo que parar y quedarse con él. A mi madre le decían: Lo que tenía el padre se llevará al hijo. Pero mi madre no hacía caso,porque al final mi padre había desaparecido con la guerra, no lo había matado otra cosa.

Mi madre nos dijo, tenéis que iros solas, el niño no puede correr, ni miréis atrás ni miréis arriba ni miréis más que al suelo. Costaba respirar, caía una lluvia de piedras. Mi hato10 no pesaba nada. Pero el de Amelia sí, porque era la mayor y mi madre le había metido las cosas del viaje y le había metido papel, lápices y sellos. Mamá se chupó un dedo y me limpió las comisuras de la boca. No vayas sucia, Ruth. Me tenéis que escribir, Amelia, cuéntame adónde os llevan. Y dime siempre cómo está esta. Mi madre abrazó a mi hermana con fuerza. Ojalá te den de comer mejor que aquí, hija. Ahí llevas todo también para ella. Y como vuelvas sin la niña, te mato.

Eso le dijo.
Después de la amenaza, le sonrió, le quitó las lágrimas que le caían por la cara y contuvo la respiración.
Mi hermana Amelia tenía solo doce años.
Mi madre miró al cielo. Algo rezaría11. Seguro que algo pidió mirando a ese cielo lleno de humo, seguro que maldijo12 a mi padre, que maldijo a los hombres que nos habían llevado hasta ahí.

Todo el camino desde la estación hasta el puerto era una bandada13 de cuervos madre arrastrando a sus pequeñas crías.


 
Fragmento de La bajamar, la novela de Aroa Moreno publicada por Random House en 2022.
Puedes encontrar una versión extendida de este fragmento en el número #95 de Punto y Coma.

 

* Texto publicado en el número 95 de la revista Punto y Coma

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